CIRCUITO Nº 3 (ver mapa)

Por un inquietante universo de valle, laderas y quebradas

Ideal para amantes y estudiosos de los misterios geológicos y su infinito transitar por las eras del tiempo, este Circuito nos llevará hacia el norte del país, descubriéndonos la maravilla de entrar en contacto con el corazón de los sinuosos valles y la riqueza vital de las caprichosas quebradas.

Partiendo desde la ciudad de Durazno, capital homónima del departamento, llegaremos a la exquisita San Gregorio de Polanco, ubicada a orillas del Río Negro. Ya en el departamento de Tacuarembó y tras haber atravesado extensas zonas dedicadas casi exclusivamente a la explotación ganadera extensiva, nos esperará un paisaje para estar atentos: el Valle Edén, la Gruta de los Cuervos y la Gruta de los Helechos, tres sitios ubicados en el límite entre la cuesta basáltica y la penillanura sedimentaria, a los que vale dedicar más de una jornada de viaje.

Dejando atrás la ciudad de Tacuarembó, principal centro poblado y capital del departamento homónimo, nos desviaremos unos kilómetros hacia el noroeste para llegar al departamento de Rivera, limítrofe con Brasil. Si bien una opción es transitar hacia el norte por la principal vía terrestre del departamento, la Ruta nacional Nº 5, desde ella, y definiéndolo como el otro gran punto de interés del Circuito, los guiaremos por el curioso paisaje del valle del Arroyo Lunarejo: quince mil hectáreas de una espectacular belleza escénica, producto de la transición del área basáltica a la zona de areniscas.

Ya de regreso hacia el sur y completando el Circuito, atravesaremos la zona de montes del río Tacuarembó, al que atravesaremos frente a la ciudad de Paso de los Toros, ubicada a orillas del río y distante apenas 65 kilómetros de la capital duraznense, donde habíamos comenzado el recorrido.

No olviden calzado económico, rollos fotográficos de repuesto y, en caso de realizar el Circuito entre los meses de octubre a marzo, una buena protección contra los rayos solares, máxime si viajan con niños.

La Casa de Rivera: un buen punto de partida.

Si ustedes están en Montevideo y desean acceder a la ciudad de Durazno para iniciar el Circuito desde allí, deberán dejar la ciudad capital tomando por sus accesos hacia Ruta 5, que los llevará casi en línea recta hasta Durazno, distante 183 kilómetros de Montevideo.

Si, por el contrario, se encuentran en cualquier otro punto del país, siempre encontrarán una rápida vía de tránsito hacia el comienzo del Circuito, ya sea por rutas, carreteras o caminos, nacionales o departamentales.

Para quienes gusten acercarse a la historia desde sus reminiscencias arquitectónicas, nada mejor que una visita a la Casa de Rivera, que en el año 1978 fuera declarada Monumento Histórico.

Ubicada en el Nº 775 de la calle Manuel Oribe, la antiquísima casona hoy refaccionada y convertida en museo, encierra el orgullo de haber sido construida, allá por el año 1835, como residencia particular del Gral. Fructuoso Rivera, quien eligiera su querida y siempre concurrida casa para prestar juramento ante el pueblo uruguayo como tercer Presidente constitucional de la República.

En efecto, además de materiales de nuestro pasado indígena rescatados en diversos puntos del departamento de Durazno, la Casa de Rivera exhibe gran parte de la documentación relacionada al General, así como pergaminos, periódicos, estatutos de instituciones de inmigrantes, programas de espectáculos y demás riquezas históricas otrora conservadas en una caja de plomo sobre la cúspide del Monumento a Colón, una columna conmemorativa del cuarto centenario del descubrimiento de América inaugurada en el año 1893, cuya esfera superior fuera abierta durante los festejos del quinto centenario, un siglo después de construida.

Ahora sí, dejemos la ciudad para cambiar de paisaje. Desde Durazno, entonces, tomen por Ruta 14, a la cual se accede atravesando el puente sobre el río Yí, ubicado en el km. 185.500 de Ruta 5. La Ruta 14, que nace en el departamento de Florida, finaliza en su encuentro con Ruta 5. Allí, la cartelería indica “Carmen”, primer centro poblado al que arribaremos luego de recorridos los 52 kilómetros que separan a Durazno de Villa del Carmen, en el km. 234 de Ruta 14.

Rincón del Bonete - Llegando al corazón del país.

A escasos cinco kilómetros de dejar atrás Villa del Carmen, la Ruta 14 se encuentra con la 19, que nace justamente allí. Tomando por esta última y tras casi veinticuatro kilómetros de camino se llega a Ruta 42. El cartel indica 38 km. a Blanquillo y 75 km. a San Gregorio de Polanco, punto desde el que cruzaremos el río Negro por medio de una rápida y pintoresca travesía en barcaza.

Una advertencia: al entrar en Ruta 42 disminuyan un tanto la velocidad, el camino no está en el mejor estado y será mejor prevenir. De todos modos se hace fácilmente transitable, sobre todo si viajan en una estación sin demasiadas lluvias.

Transcurridos los cuarenta kilómetros sobre Ruta 42 se llega al poblado de Blanquillo, desde donde se toma por Ruta 43. Estén atentos. El pasaje hacia Blanquillo les dará la oportunidad de encontrarse con el ñandú, si es que aún no lo han visto, que generalmente se traslada muchas veces en grupos de varios ejemplares. Luego de pasar Blanquillo, una vez entrar en Ruta 43, pongan el cuenta kilómetros del vehículo en cero y cuenten veinte kilómetros. Más o menos a esa altura, eligiendo un punto alto del camino, podrán divisar la silueta de un inmenso lago artificial construido sobre el cauce del Río Negro, perteneciente a la central hidroeléctrica Dr. Gabriel Terra (que podrán apreciar en el camino de vuelta hacia Durazno) conocido como el lago de Rincón del Bonete, que ocupa una superficie de unos 1.000 kilómetros cuadrados.

Nota al margen: en el año 1991 y bajo inquietud de la Intendencia Municipal de Durazno, el Servicio Geográfico Militar del Uruguay realizó las gestiones para ubicar exactamente el centro geográfico del país. Tras los cálculos e investigaciones correspondientes, el punto central de nuestro país quedó determinado dentro de las siguientes coordenadas: Latitud, 36º 42’ 59” S, Longitud, 62º 27’ 34” W, ubicándose a 110 metros de altitud. Ese punto, ubicado geográficamente, se encuentra a escasos 1.500 metros al sur del brazo del Sauce del lago artificial de Rincón del Bonete, que ahora contemplamos.

Al llegar a la orilla se verá la otra margen, donde está emplazada San Gregorio de Polanco. Allí encontrarán una balsa, que bien estará de este o del otro lado del río, si la encuentran sobre esta orilla sólo tendrán que subir el vehículo desde tierra hasta la balsa, tarea por demás sencilla para la cual, además, contarán con la experiente asistencia de los balseros. En caso de que divisen la balsa en la otra orilla,  deberán esperar a que se traslade hasta ésta para entonces sí poder cruzar hacia el departamento de Tacuarembó. El cruce es sin cargo.

San Gregorio de Polanco - Un museo de cara al sol.

Entre abril de 1993 y enero de 1994 casi cincuenta artistas plásticos de los talleres más prestigiosos del Uruguay se congregaron en San Gregorio de Polanco para darle una nueva fisonomía a la hoy colorida localidad. Al amparo de un proyecto del Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (SEDHU) en emprendimiento conjunto con la Intendencia Municipal de Tacuarembó y la Junta Local de San Gregorio de Polanco, nuestros mejores plásticos dieron forma y color a casas, muros y esquinas del centro poblado, acabando así con su otrora monotonía urbanística.

El Museo Abierto de Artes Visuales, que así se denomina la gran obra realizada, quedó inaugurado el 10 de abril de 1993, mientras que en febrero de 1994 le fue incorporado un nuevo espacio artístico, realizado por el Taller Clever Lara, uno de los más importantes del país, en un tanque de abastecimiento de agua potable de 17 metros de alto y 15 de circunferencia, engalanado con una pintura que abarca un total de 350 metros cuadrados que convierte al tanque en una obra digna de observación.

San Gregorio de Polanco, una pequeña península rodeada por el embalse de la represa Gabriel Terra, cuenta con un espejo de agua de 120.000 hectáreas, que cuando en el año 1945 inundó las zonas bajas adyacentes, dotó a la ciudad de una costa de varios kilómetros de extensión, rica en blancas arenas y aguas límpidas y amigables.

Cruzando el poblado por la Avenida Gral. Artigas llegarán a la denominada Península Dorada, sobre la costa del lago, donde además de un confortable hotel con adecuada oferta gastronómica, podrán acceder al camping municipal. Se pueden realizar paseos en lancha y si la temporada es propicia, caminar por las limpias arenas o realizar variados deportes náuticos y pesca deportiva.

San Gregorio, que así la llaman los lugareños, fue declarada Villa en el año 1963, alcanzando en 1995 el rango de Ciudad. Su nombre compuesto proviene de su cercanía con un antiguo paso: el Paso de Polanco, que otrora fuera uno de los pasajes más frecuentados de las rutas que unían el norte con el sur del país. Fundada el 16 de noviembre de 1853, hoy cuenta con una población cercana a los 3.000 habitantes. Desde allí, entonces, continuaremos nuestro camino hacia el norte. Antes de hacerlo, deténganse en el mapa y den un vistazo al río Negro. Naciendo en territorio brasileño, atraviesa el Uruguay de este a oeste, recibiendo a numerosos afluentes tales como el río Yí (que encontráramos en la ciudad de Durazno) y el Tacuarembó (cuya cuenca nos acompañará de ahora en más), a partir de cuya confluencia el curso del río Negro se transforma en una casi ininterrumpida sucesión de grandes bucles, que lo alargan como vía navegable y que en parte han ido desapareciendo bajo la influencia de la construcción del lago artificial de la represa de Rincón del Bonete.

El área territorial donde recibe sus aguas de alimentación (es decir, su cuenca) abarca aproximadamente 80.000 kilómetros cuadrados, de los cuales 50.000 se hallan en territorio brasileño. En condiciones favorables el río Negro es navegable hasta la altura de los lagos artificiales, que también permiten la navegación y pesca deportiva, principalmente el del Rincón del Bonete, que atravesáramos frente a San Gregorio de Polanco.

Hacia el corazón de la penillanura sedimentaria.

Al salir de San Gregorio de Polanco se transitan 25 kilómetros por Ruta 43 hasta encontrar Ruta 59. Verán que cambia el paisaje. Vamos entrando al corazón de la penillanura sedimentaria, que atravesaremos hasta alcanzar sus límites con la cuesta basáltica, enclave del hermosísimo Valle Edén y las generosas Gruta de los Helechos y Gruta de los Cuervos.

A veinte kilómetros de transitar por Ruta 59 se pasa el puente sobre el arroyo Malo. A poco de andar, unos trece kilómetros después, se atraviesa una pequeña zona de bañados, luego de la cual otro cauce: el arroyo de Clara, indica que falta un kilómetro para llegar al poblado homónimo.

Tras dejar atrás Clara aparece nuevamente el bañado, también ocupando muy poca superficie, luego del cual continúan los establecimientos ganaderos. Sesenta y tres kilómetros más y se llega al empalme de Ruta 59 con Ruta 5, sobre el km. 378 de esta última. Sobre este último tramo empieza a delinearse la silueta de los cerros de la cuchilla de Santo Domingo, una de las ramificaciones de la cuchilla de Haedo que se prolonga por la frontera con Brasil por las cuchillas Negra y de Santa Ana.

La Cuchilla de Haedo: gran divisoria de aguas

El amplio valle del río Negro divide al país en dos porciones desiguales, sobre las que es posible reconocer las dos principales divisorias de aguas del territorio uruguayo: la cuchilla Grande y la cuchilla de Haedo.

Mientras que la cuchilla Grande indica la divisoria de las aguas que van al río Uruguay y al río Negro respecto a la que van hacia el Río de la Plata y la laguna Merín; la de Haedo separa las aguas que van al río Negro de las que corren a verterse en el Uruguay.

Ocupando una importante superficie del territorio uruguayo, la cuchilla de Haedo finaliza en una angosta área determinada por la confluencia de los ríos Uruguay y Negro, conocida como Rincón de las Gallinas.

Así, en la cuchilla de Haedo se destacan los cerros Lunarejo y de la Virgen, que alcanzan una altura aproximada de 400 metros sobre el nivel del mar. Y mientras que el borde oriental de la cuchilla Negra y una parte de la de Haedo es abrupto, en figura de escarpa; el declive hacia el oeste se suaviza, correspondiendo a la llamada superficie o reverso de cuesta.

Las ramificaciones de la cuchilla de Haedo dirigidas hacia el oeste separan entre sí a los afluentes del río Uruguay, mientras que las ramificaciones orientales limitan las cuencas de los tributarios del río Tacuarembó y de algunos del río Negro. Entre ellas, entonces, la de Santo Domingo (que observáramos en el camino por Ruta 59) así como las cuchillas de Tres Cruces y Once Cerros.

Tres tesoros vivos de Tacuarembó: Valle Edén, Gruta de los Helechos y Gruta de los Cuervos.

Llegados a Ruta 5 tomen hacia el norte (vuestra derecha viniendo por Ruta 59) y a pocos kilómetros llegarán a la ciudad de Tacuarembó. Desde allí nos trasladaremos hasta dos de los puntos clave del Circuito: el Valle Edén y la Grutas de los Helechos y de los Cuervos, ubicados muy cerca de la capital departamental. Mientras que al Valle Edén se llega saliendo de la ciudad por ruta 26, transitando veinticuatro kilómetros por ella y luego un kilómetro por camino vecinal hacia el sur (los carteles los ayudarán a encontrarlo); el trayecto hacia las grutas también parte desde la capital tacuaremboense, tomando el camino vecinal a Zapará, fácilmente ubicable prestando atención a la cartelería.

Cualesquiera sea la opción que prefieran realizar primero, vale tomarse una jornada para cada una. La ciudad de Tacuarembó los alojará por las noches que estimen necesarias, ofreciéndoles el hermoso balneario Iporá, con propuestas de camping y cabañas.

Valle Edén ocupa un área aproximada de 1.000 hectáreas e idéntica superficie estimada ocupan ambas grutas.

La temperatura media anual de la zona no alcanza los 20º C y la humedad relativa promedio anual es de 70%. Según datos del atlas climatológico del Uruguay, editado en 1970, el total medio de precipitaciones anuales alcanzan los 1.300 mm, siendo de 75 a 80 el total medio de días de lluvia estimados para el área.

Formaciones geológicas y misterios florísticos - Una fiesta para amantes de la naturaleza

Desde el punto de vista geológico, el material de la zona corresponde a la Formación Tacuarembó que, según los estudios al respecto, resulta de la fosilización de dunas de clima desértico, constituidas por arenas cuarzo acumuladas durante el Triásico Superior.

Pero si las formaciones geológicas pueden resultar de gran interés para los entendidos, es en la proverbial riqueza de flora y fauna donde el valle y las grutas encuentran su mayor número de admiradores. Mientras que el Valle Edén dibuja su paisaje con la vegetación típica de quebrada y galería, siendo los talas los reyes del paisaje; las grutas se enriquecen con otras especies nativas no tan comunes en el país. La Gruta de los Helechos adquiere su nombre gracias a la belleza del sotobosque de helechos, que nace y revive al amparo de la sombra y la humedad de sus límpidos cursillos de agua; la Gruta de los Cuervos cobija, entre lo más preciado de su flora nativa, al precioso clavel del aire de flor blanca.

El encanto diurno y nocturno de las aves.

La fauna, por su parte, también aporta interés a ambos sitios. En las grutas, entre otras especies nativas, vive el tatú, la bellísima águila colorada y la pava de monte. En el valle, mientras tanto, habitan preciadas especies faunísticas que difícilmente se presenten en presencia de observadores extraños. Así el gato montés o la coral, que habitan en el silencio del valle, regalando a las aves el privilegio de ser dueñas absolutas del sonido del lugar. Uno de los cánticos que los deleitará es el de la exquisita calandria, que si bien puebla el Uruguay de norte a sur y de este a oeste, en pocos sitios como aquí decide no huir de la mirada del hombre. Por las mañanas, sobre todo, a la hora del amanecer, resulta una verdadera delicia para la vista y el oído instalarse a ver y escuchar el gran concierto con el que estas afinadas aves reciben la luz del día.

Son estos y otros tantos encantos, sólo descubribles al pisar estos singulares sitios, los que hacen de ellos una de las zonas más recomendables para quienes gocen con la historia de un antiquísimo suelo, o con el canto fugaz de un ave que nos salude al pasar.

Descansen. Aún resta llegar al Lunarejo.

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