El Parque Nacional Texto y Fotografías:
Robert Escardo

Nuestro itinerario recorriendo los parques nacionales de Estados Unidos nos lleva al estado de North Dakota, lindando con Canadá y equidistante de los océanos Atlántico y Pacífico. Allí encontramos el Parque Theodore Roosevelt, que lleva el nombre del ex presidente, quien es recordado como el “padre” de los parques nacionales.

La historia cuenta que en 1883 siendo muy joven, Roosevelt llegó a las tierras del estado de North Dakota (Dakota del Norte) para capturar un búfalo pero no tuvo suerte, retornando varias veces durante los próximos años. Así aprendió a admirar esas tierras y fue testigo de la grave disminución de la población de ciervos y búfalos por su caza incontrolada en esa zona. Roosevelt se convirtió en un acérrimo defensor de la conservación de las especies y su hábitat natural. Durante su presidencia fueron fundados cinco parques y se aportaron cuantiosos fondos al presupuesto del servicio forestal, creándose 51 refugios para los animales salvajes.

El parque fue establecido en 1978, consta de 28.000 hectáreas repartidas en dos sectores, Norte y Sur. En ambas secciones encontramos los locales de bienvenida donde los guarda parques (Rangers) entregan abundante información y mapas de los senderos internos. Continuas charlas ilustran a los visitantes sobre la geografía del lugar, los animales que habitan, etc. Cómodos sillones, baños a todo lujo y mesas para picnic en el exterior, son apreciados por los turistas que descansan de sus caminatas.

Las montañas muestran agresivas formas, producto de la erosión y hermosos valles con sus ríos de agua cristalina. La fauna es muy abundante. Recorriendo los innumerables senderos perfectamente señalizados y conservados, vemos búfalos, ciervos de varios tipos, caballos salvajes y numerosos “Praire Dogs” traducido como perros de pradera. Estos curiosos animalitos, del tamaño de un conejo chico, se comportan como ardillas sin alejarse mucho de sus cuevas construidas en la pradera sin ninguna protección. Se agrupan por cientos formando colonias; como son muy precavidos, rápidamente se refugian en sus cuevas ante el temor causado por la cercanía excesiva del hombre. Por ser el alimento preferido de las águilas y otras aves de rapiña, su población está controlada.

Los búfalos y ciervos son los más admirados por los turistas. Sus siluetas se recortan en los bordes de las montañas, un buen par de binoculares son necesarios para localizarlos y disfrutar de su belleza. La caza está prohibida durante todo el año para todas las especies.

En estos parques está permitido que los visitantes ingresen con remolques transportando sus propios caballos. Existen numerosos senderos especialmente trazados para realizar largas cabalgatas bien lejos del asfalto pero muy cerca de la naturaleza que tanto admiramos.

 

Roberto Escardó
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