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Texto y fotos: Héctor Santomé Sosa Días La Antártida se encuentra separada
de Tierra del Fuego por un canal de aguas embravecidas donde se unen los
dos océanos más grandes del mundo, el Pacífico y el Atlántico. Lo primero en abrirse fue la gigantesca compuerta de carga ubicada en la parte trasera del Hércules. El tremendo frío nos abrazó en forma inmediata. Por suerte nos encontró a todos ya con nuestros trajes especiales puestos. A través de la compuerta podíamos ver, no sólo como el gigantesco avión se acomodaba en la pista nevada para poder descender, sino también los increíbles paisajes blancos que nos rodeaban. La ansiedad podía más que nosotros, queríamos tocar ya con nuestros propios pies el tan codiciado suelo blanco. Y llegó la orden de abandonar el avión... de a uno fueron descendiendo por la puerta lateral trasera. Dentro del fuselaje podía sentir los gritos de felicidad y alegría de aquellos que tocaban el continente por primera vez. Fui uno de los últimos en bajar, sentí una gran emoción y orgullo al tocar la superficie blanca, no sólo por lo que significaba el hecho en sí, sino porque la Revista Uruguay Natural se transformaba en el primer y único medio de prensa del Uruguay, dedicado al Turismo Aventura, en acariciar suelo antártico por primera vez. ¡Como para no estar orgulloso...! Nuestro sueño de volar a la Antártida se había hecho realidad... Increíblemente el cielo se encontraba parcialmente despejado, algo totalmente inusual en esta época del año, el sol brillaba en las elevaciones blancas y producía colores realmente maravillosos. Parecía que estábamos en otro planeta, se podía sentir la pureza del aire en nuestros pulmones, el silencio era total, no había ruido a tránsito, ni bocinas, ni gente corriendo para todos lados, todo era paz y serenidad...
Aún distaban 4 kms. para llegar al destino
final. Uno de los carriers que posee la Base, vehículo indispensable para
poder transitar sobre la nieve, sería el encargado de transportarnos.
Debido a la cantidad que éramos, tuvimos que hacer dos viajes. A mí me
tocó el segundo. Luego de transitar en este inusual vehículo durante
cuarenta minutos por lugares maravillosos y paradisíacos, llegamos a la
Base Científica Antártica Artigas (BCAA). Seguidamente cada uno fue ocupando los diferentes módulos llamados “wannigans”, los cuales ya estaban asignados. Así se le llaman a estas construcciones prefabricadas, de tecnología neozelandesa y que son altamente resistentes a las condiciones climáticas de la zona. Con Aldo Rissolini y el meteorólogo Carlos García, quien reemplazaría en esta misión a su colega Marcelo Pereyra, ocupamos uno de los dormitorios del sector científico, nuestros nombres lucían en la puerta del cuarto, todo estaba perfectamente organizado. Los otros dos dormitorios serían ocupados por el sexo femenino. Eran las 18:00 hs. y el comedor estaba listo para recibir a las más de 30 personas que ahora ocupaban la Base. Antes del merecido almuerzo, hizo uso de la palabra el Presidente del Instituto Antártico Uruguayo, C/A Hugo Viglietti, el cual nos dio su bienvenida y nos anheló el mayor de los éxitos en los diferentes estudios y trabajos que se realizarían en esta misión que duraría 6 días. Inmediatamente después lo hizo el Jefe de la Base, Tte. Cnel. Ángel Cedres, en donde nos explicó, entre otras cosas, el funcionamiento de la misma y los cuidados que teníamos que tener al salir y alejarse de ella. Luego del almuerzo se organizó una salida hasta la costa, distante unos pocos metros del comedor, encabezada por el Jefe de Relaciones Públicas, C/N Fernando Silvera. Estábamos ansiosos y deseosos por sentir el continente en nuestros cuerpos... ¡y vaya que así fue...! pues allí ocurrió lo inevitable... el clásico bautismo antártico a los invitados. Y si bien Josefina y María Andrea lograron huir (no por mucho tiempo...), los que no, fuimos presa de revolcones y proyectiles blancos. Esto dio comienzo a una gran guerrilla de nieve entre todos, que nos dejó en pocos minutos extenuados. Parados en la orilla, no podíamos creer lo que teníamos ante nuestra vista. El paisaje era realmente esplendoroso. Grandes masas de hielo, con tonalidades de azules increíbles, flotaban a pocos metros de nosotros, como dándonos la bienvenida. Al fondo, del otro lado de la bahía, se divisaba la Base china. Gigantescas elevaciones blancas, con infinidad de formas y colores, cubrían el horizonte. A mis retinas le costaban asimilar tanta majestuosidad..., nunca habían visto algo semejante. Aún me costaba creer donde me hallaba... A pocos metros de nosotros apareció el primer animal, una paloma antártica. Increíblemente se situó al lado nuestro, como si estuviera domesticada, quizás creyendo que teníamos algo de alimento para darle. Era tan blanca que se confundía con la nieve, por momentos la identificábamos por el color de su pico y patas. Desde una de las ventanas del comedor alguien gritó... ¡estén atentos... el Hércules hará un vuelo de despedida sobre la Base...! ¡No se lo deben perder! El avión no puede quedarse en la Antártida, por lo que volvería hasta Punta Arenas y esperaría allí hasta que terminara la misión, para luego volver a buscarnos, siempre y cuando las condiciones climáticas se lo permitieran. Cada vez que el Hércules se va, acostumbra a hacer un vuelo de despedida. Por lo tanto nos quedamos esperando ese mágico e imperdible momento. En pocos minutos lo vimos aparecer desde el agua, derecho hacia nosotros. Venía volando bajo... las cámaras de fotos y la filmadora no dejaban de registrar ese increíble momento. Daba la sensación que nos pegaría con su gigantesca trompa... y en pocos segundos... pasó con los focos encendidos por encima de nosotros, haciéndonos sentir su poderío e imponente ruido, provocado por los cuatro potentes motores a hélice. ¡Qué sensación extraordinaria...! Se elevó... y en segundos se perdió entre las nubes. Se nos iba el tan codiciado medio de transporte, durante 6 días estaríamos totalmente aislados de toda civilización. Sólo faltaba realizar
el clásico ritual del lugar. Así pues, saqué mi petaca de whisky y con
hielo antártico brindamos por estar en ese maravilloso e indescriptible
lugar. Son increíbles los sonidos que produce el hielo a medida que se va
derritiendo, provocado por la antigüedad del oxígeno que permanece
prisionero en él. A las
23:00 hs. estaba la cena pronta. Luego de la misma se formaron grupos para
el esparcimiento, algunos optaron por jugar al pool, otros por los juegos
de mesa, algunos prefirieron las películas de video y DVD y otros
demostraron sus habilidades cantando y tocando la guitarra, yo me sumé a
éste último... dando lástima claro... pero fue muy divertido... hasta que
de a poco nos fuimos retirando a descansar. Amaneció el día 29 de setiembre y mi primer noche en el continente frío había sido estupenda y novelesca. La temperatura en los wannigans era de 23ºC constantes, por lo que terminé durmiendo destapado. ¡Parecía de no creer...! El comedor nos esperaba con un completísimo desayuno, compuesto por bizcochos caseros, budín inglés, galletitas, diferentes mermeladas, etc. Nuestro cocinero, Miguel Ángel Andrada, apodado “Rada”, resultó ser no sólo un excelente compañero, sino también un brillante cocinero. Era un día especial, pues el 29 es “día de ñoquis”. Aldo me comentó, que su familia le había dicho que era el día 29 más importante del año y que no podía dejar de comerlos. Así pues le consultamos a “Rada” si cabía la posibilidad de preparar esa comida y en donde los dos nos ofrecíamos y comprometíamos a darle una mano para elaborarlos, pues hacer ñoquis de a uno para más de treinta personas no es cosa fácil, a lo que nos respondió que con mucho gusto los prepararíamos. ¡Quién iba a decir que un día 29 comeríamos ñoquis caseros en la Antártida...! Se preparó la cancha y se ofrecieron también para colaborar, María, Ángela, Ma.del Carmen, Daniel, Roberto, Rodrigo, Rada y quien suscribe. Lo más gracioso de todo fue, que nuestro amigo Aldo, propulsor de la idea, desapareció de la escena y se dio una vuelta por la cocina cuando estaba ya “todo el pescado vendido”. ¡Qué jugador..!. La “cargada” de todos fue tan grande, que no tuvo más remedio que preparar para la tarde, escones y una torta milhojas, que dicho sea de paso le quedó muy buena, para contrarrestar su magnífica escabullida. Algunos quedamos doloridos de la espalda, por la posición y otros de los brazos, pero fue muy entretenido. Eso sí... ¡en mi vida había amasado tanto...! El esfuerzo dio sus resultados, pues los comensales se mostraron más que satisfechos... en una palabra... ¡quedaron exquisitos...! Luego de una entretenida y amena sobremesa, nos invitaron a conocer las
instalaciones. Frente al mismo se encuentra otro de los wannigans, el cual está destinado
al sector meteorológico, laboratorio científico y dormitorios para los
científicos y visitantes. Frente al centro de radios, está ubicado el galpón que alberga los depósitos de agua (40.000 ltrs. aprox.), una pequeña carpintería, lavandería y sauna con piedras antárticas (aunque parezca mentira). A la izquierda del comedor se encuentran
dos wannigans más, destinados a los oficiales y huéspedes y otro para el
depósito de víveres y materiales varios. Y por último conocimos el hangar de los generadores y taller general. Allí se encuentra, no sólo un completo gimnasio para que la dotación se mantenga en forma, sino también el “corazón” de la BCAA..., tres importantes generadores capaces de entregar 120 kw. cada uno. El combustible utilizado es el gas oil, el cual es mezclado con un anti congelante justamente para evitar el congelamiento del mismo. También hay un importante incinerador de
última generación, en donde se queman gran parte de los desechos generados
por la Base. Trabaja entre los 800ºC y 1200ºC y posee un reactor cíclico
que no emite partículas de humo ni olor. De este proceso resultan cenizas
inertes y de bajo volumen que son envasadas y transportadas sin causar
daño al medio ambiente. En este lugar se realizó uno de los principales cometidos de esta misión. Allí trabajaron incansablemente, durante los 6 días de estadía, los técnicos de UTE, Aldo, Jorge y Felisberto para sustituir e instalar el nuevo generador donado gentilmente por Corea y el representante del mismo, Raúl, el cual se encargaría de la conexión y calibración. Sobre la tardecita, pude participar de otro de los proyectos que estaba asignado a esta misión. El mismo, a cargo de la Licenciada en Bioquímica Patricia Gonzalez Orrico, constaba en darle continuidad al proyecto “Impacto del Medio Ambiente Antártico Sobre los Microorganismos Asociados al Hombre”. Contaba: “El proyecto tiene como instituciones participantes al Instituto de Higiene y al Instituto Antártico Uruguayo. Tiene como investigadores a Patricia Hitateguy, Mariela Di Critófaro, Patricia Gonzalez Orrico y al Dr. Felipe Schelotto. Su objetivo es el de determinar la evolución temporal de los patrones de resistencia y sensibilidad frente a los antibióticos de gérmenes de la flora humana normal superficial (Staphylococcus aureus, Staphylococcus epidermidis) en integrantes de la Dotación Antártica. Durante la campaña anual, que realiza una Dotación Antártica, se realizan tomas nasales en los distintos períodos del año. Los uruguayos hemos sido testigos en estos últimos tiempos del alcance que puede llegar a tener una progresiva diseminación de cepas resistentes de procedencia comunitaria. Las infecciones se han presentado como brotes en comunidades cerradas o grupos familiares. Su creciente prevalencia ha requerido la modificación de las pautas de tratamiento antimicrobiano y el énfasis en las medidas de higiene. Los resultados, podrán
aportar una orientación en el tratamiento de infecciones que puedan
manifestarse en los individuos que permanezcan en la Base Artigas así como
a su retorno. Por más información nos pueden escribir a
patriciaorrico@yahoo.com “ |
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