- por Cap. Alejandro Stero Sellares

Si en nuestro antiguo satélite natural sucediera un Lunamoto, fenómeno geológico equivalente a nuestros terremotos, sus imágenes saldrían a recorrer el espacio cósmico en busca de algún curioso discípulo de Galileo Galilei, que suela observar la luna con el célebre anteojo astronómico inventado por el maestro.
El espectáculo del Lunamoto, tardaría prácticamente un segundo en recorrer los 348.400 kilómetros que separan a la tierra de la luna, pero los estruendos correspondientes al telúrico movimiento, llegarían hipotéticamente unos doce días más tarde a los oídos humanos, porque las ondas sonoras viajan a la escasa velocidad de 343 metros en cada segundo. De todas maneras, por el asunto de la falta de aire, parece ser que las ondas sonoras no se propagan por el espacio con la misma eficacia que en el microcentro de la ruidosa ciudad que incomprensiblemente se llama Buenos Aires.
La falta de atmósfera de la luna tiene sus particularidades, sobre todo perjuicios para los humanos que terminaríamos asfixiados. Esa ausencia de atmósfera se debe a la escasa fuerza gravitatoria del satélite terrestre que es apenas un sexto de la gravedad nuestra, lo cual sería una ventaja porque pesaríamos menos, aunque seguiríamos sin poder respirar.
Otra cuestión de la falta de atmósfera son las temperaturas, por ejemplo de su parte iluminada, que llega a los 110° grados centígrados, de lo que se deduce que Neil Asmtrong, el primer hombre que pisó el suelo lunar, el día 20 de Julio de 1969, debe haber llevado por lo menos un abanico y varios frascos de un buen antitranspirante.

Tanto la rotación de la Luna sobre su eje, como su revolución alrededor de la Tierra duran 27 días, 7 horas y 43 minutos. Esta combinación de giros sincrónicos está causada por la distribución asimétrica de la masa de la luna, lo que ha permitido a la gravedad terrestre mantener un hemisferio lunar permanentemente "borneando" hacia la Tierra, como un barco fondeado alrededor de su ancla.


Las aguas suben por gravedad:
Paradójicamente, la gravitación lunar tiene un importante efecto aquí en la tierra, produciendo las célebres mareas, que en lugares como Río Gallegos, alcanza alturas de hasta 12 metros en las pleamares más importantes.
No parece ser muy sensato el encabezado de este párrafo, sobre todo si se tiene en cuenta que siempre se le adjudica a la gravedad la capacidad para que las cosas bajen.
Ernesto Sábato escribe en una de sus obras, una frase hermosa y por demás ingeniosa, diciendo algo así como "...genio es aquel que descubre que la piedra que cae y la Luna que no cae, son el mismo fenómeno". En homenaje a nada más ni nada menos que Sir Isaac Newton, uno de los más conspicuos y brillantes alumnos del Trinity College de la Universidad de Cambridge, cuyo encuentro con la "manzana", según relata el Génesis, tuvo más fortuna que Adán con la suya...
Parece ser que don Isaac, comenzó a describir las leyes de la gravitación universal a partir de la observación de una manzana que se caía encima. Algunos minuciosos autores, cuentan que la famosa manzana se le cayó en la cabeza, pero tenemos motivos para creer que lo de la "manzana" y la "cabeza" pertenecen al cuento de Guillermo Tell.
La cosa es que la fuerza de gravitación universal, conocida familiarmente como la "gravedad", es aquella que motiva la rotación de la Luna alrededor de la Tierra y por consiguiente, la generación de las mareas.
La Tierra atrae a la Luna y la Luna hace lo propio con la Tierra, de modo que estando en órbita y en equilibrio, la masa lunar modifica la gravedad terrestre, provocando una disminución de esta fuerza, en el punto que se encuentra momentáneamente más cerca de la Luna.

Lunafoto_n80.jpg (31351 bytes)Al reducir la gravedad, los cuerpos "pesarían" menos y finalmente, las aguas con su mayor fluidez, se elevan "hacia la Luna", cosa que llamamos usualmente "pleamar". Como en su movimiento aparente, la Luna gira alrededor de la tierra en veinticuatro horas y pico, se tendría que producir una pleamar por día, pero resulta que, por otro fenómeno, no menos famoso, llamado de acción y reacción, se produce en la zona antípoda, otra pleamar que además de opuesta, es de menor intensidad.
La masa de agua que levanta la Luna, tanto en un lugar como en su antípoda, tiene que tomarla de algún otro sitio, que son precisamente aquellos donde se produce las bajamares.

Así que en un mismo momento se están generando dos pleas y dos bajas en la faz de la tierra, cuyo movimiento hacia el oeste es solidario con el de la Luna que "por gravedad las genera" y al final, lo que dijimos en el encabezado, parece que tenía su lógica...

Pescando bajo la Luna

El año tiene 52 semanas y un día, correspondiendo cada uno de estos períodos a una fase de la luna que son Luna Nueva cuando no se la ve, en Cuarto Creciente el astro tiene forma de una "C" aquí en el hemisferio sur, la Luna Llena es redonda y brillante y finalmente el Cuarto menguante adquiere forma de una "D", porque Decrece.



Lunafoto2_n80.jpg (20238 bytes)A la Luna se le atribuyen varios efectos que alteran la pesca, como que suele haber poco pique en la semana de Luna Llena. Pero el efecto que le produce al pescado es aun más llamativo, porque la presa se endurece y arquea a los pocos instantes de salir del agua, iniciando rápidamente su proceso de descomposición. En cambio en las noches oscuras de Luna Nueva, cuando su imagen no se ve desde la tierra, la pesca es abundante. El período correspondiente al cuarto creciente el pique es normal y en el cuarto menguante, la pesca suele ser buena.

En principio, la luna no tendría nada que ver con la temperatura que van adquiriendo las aguas, ya que esta variable física está más relacionada con la radiación solar, pero en la intención de hacer un aporte a la pesca deportiva, anotemos otro dato importante, ofrecido por los estudiosos de la oceanografía.