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Texto y fotos: Robert Escardo Existen varios monumentos a la paz del mundo en distintas ciudades de nuestra tierra. Uruguay tiene el suyo, obra del escultor Juan Ferrari, ubicado en la “Plaza de los Treinta y Tres” en la ciudad de San José. En Miami, se inauguró el primero construido en este siglo y de características muy extrañas. Jhon Young, un profesor de escultura de la universidad del estado de Washington, construyó su obra en el Parque Pelican Harbor, justo sobre uno de los viaductos que une la ciudad de Miami con las playas de Miami Beach. Utilizó 22 aletas que enterró en distintos ángulos. El artista logró así una imagen de un cardumen de delfines gigantes empleando las aletas de los submarinos nucleares desarmados por la marina de Estados Unidos. Estos submarinos fueron construidos en la década del 1960 y sirvieron a los Estados Unidos hasta poco después de finalizada la guerra fría. Las aletas que ahora se ven semienterradas en forma vertical, se hallaban de a pares simétricos y en forma horizontal en los laterales de los sumergibles. Desde lejos, las aletas parecen timones de avión, pero cuando las contemplamos de cerca vemos que son macizas, pesando 4 toneladas cada una. Son prácticamente indestructibles, considerando que debían soportar sin daños explosiones de cargas de profundidad. Debido a su uso previo, antes de ser transportadas debieron ser cuidadosamente revisadas, eliminándose cualquier vestigio de sustancias tóxicas y radioactividad. La aletas empleadas fueron parte de las estructuras de los submarinos Sea Devil SSN 664, Pogy SSN 647, Sand Lance SSN 660, Pintado SSN 672, Trepang SSN 674, Billfish SSN 676, Archerfish SSN 678, Tunny SSN 682, Von Steuben SSBN 632, Sculpin SSN 590 y Cavalla SSN 684. Para transportar las 22 aletas se emplearon 8 camiones que atravesaron los Estados Unidos desde Bremerton, en el estado de Washington (noroeste del país) hasta La Florida. Si bien fueron donadas por la marina, se le asignó un valor de 25.000 dólares a cada una. Se estimó un costo total para esta obra cercano al millón de dólares, cifra poco importante si realmente contribuye a lograr la paz del mundo que todos deseamos. Roberto Escardó
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